El auto se detuvo frente a una fachada de piedra gris. Sin letreros llamativos. Solo una placa de bronce junto a la puerta, con el nombre grabado en letras sobrias: Club Industrial del Valle.
Alán apagó el motor.
—Llegamos —dijo, y desabrochó su cinturón de seguridad.
Lena asintió. Sus dedos se aferraron al bolso negro. Notó una gota de sudor frío en la nuca. Se la limpió con disimulo.
Salieron del auto. Un empleado del club, vestido con chaqueta negra y guantes blancos, se acercó para llevarse