Ella no pudo moverse. No porque él la sujetara. No porque la retuviera. Era algo más. Algo que le recorría la piel desde la nuca hasta los huesos de la cadera.
Sintió que le faltaba el aire.
No era un mareo. No era un desvanecimiento. Era otra cosa. Un cosquilleo en el vientre, profundo, caliente. No como los que sentía cuando era adolescente y se imaginaba princesas rescatadas por príncipes de cuentos. No.
Esto era deseo. Esa punzada que solo un hombre le había provocado en el pasado.
Deseo cr