Alán sonrió de nuevo. Luego entrecerró los ojos y la miró fijamente.
No estaba seguro si Lena se dirigía a él o si otra vez, nublada por el alcohol, lo había confundido con otra persona.
Lena volvió a hablar. Sus pensamientos eran un caos, pero las palabras se le escaparon solas, empujadas por el vino. Por el despecho que en sus cinco sentidos quería arrancarse.
—¿Por qué dices palabras tan lindas? —preguntó, y su voz se quebró—. Luego llega tu mejor amiga. Te abraza. Te coquetea. Y tú la de