Lena recibió las felicitaciones con una sonrisa cordial, la misma que había ensayado durante años en cenas de negocios y eventos de caridad. Apretaba la mano de cada invitado con la fuerza justa, ni muy débil —parecería sumisa— ni muy fuerte —parecería desesperada.
—Felicidades, señorita Falcón. Es una unión magnífica.
—Muchas gracias —respondió, y asintió con la cabeza.
Un ejecutivo de traje azul marino le dio dos palmadas en el hombro. Una mujer de cabello corto y collar de perlas demasiado g