Lena levantó el brazo y apuntó a Alán con el dedo índice, que no lograba mantener quieto ni un segundo.
—Tú —dijo, con la voz pastosa—. ¿Por qué eres así conmigo?
Alán entrecerró los ojos en dirección a las mejillas sonrojadas de Lena.
—¿Así cómo? —preguntó, con voz baja, sin mover un músculo.
—¿Por qué eres así conmigo? —repitió ella, más fuerte, como si el volumen pudiera suplir la falta de claridad.
Él negó con la cabeza. Una sonrisa se asomó en sus labios. Una sonrisa de esas que