Isabela sintió que la sangre se le helaba al presenciar aquella escena de intimidad entre ellos.Se mordió con fuerza el labio inferior, mientras acariciaba con ternura el suave pelaje de Peque y le susurraba al oído:—Peque, mira, ahí está papá.Abrió la puerta apenas un pequeño resquicio, y Peque salió disparado, alegre, corriendo hacia allí.Isabela, con una sonrisa fría en los labios, observó cómo Peque se acercaba a los pies de Lucas y se ponía a ladrar sin parar.Lucas, presa del pánico, sintió que sus extremidades se le aflojaban, y por poco deja caer a Valeria de la barandilla.Ambos, en medio del desconcierto y la vergüenza, rodaron desastrosamente por el suelo.Lucas intuyó algo y, con la mirada inquieta, se volvió hacia la puerta de cristal. Por un instante creyó distinguir la silueta blanca de una persona.Su corazón se llenó de desasosiego. Cuando se acercó corriendo a mirar con atención, no había nada detrás de la puerta de cristal.Debía de haber sido un espejismo. Isabe
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