[Narrado por Liam Donovan]El habitáculo del coche era un horno de deseo y testosterona. Había perdido el control. El soldado disciplinado, el hombre que se enorgullecía de su templanza, se había evaporado en el momento en que los labios de Mia volvieron a chocar contra los míos.Ella ya no peleaba. Ahora, su rendición era un ataque. Con un movimiento ágil y desesperado, se deslizó sobre mí, sentándose en mi regazo. La malla plateada de su vestido era apenas un recuerdo; la seda se había subido tanto que me permitía sentir la quemadura de su piel contra mis muslos. Sus manos, pequeñas y frenéticas, terminaron de arrancar los botones de mi camisa, exponiendo mi pecho al aire frío que ella misma calentaba con su aliento.—Maldita sea, Mia... —gruñí contra su cuello, perdiendo la cabeza.Me separé lo justo para verla. Estaba en ropa interior de encaje negro, una visión que me golpeó más fuerte que cualquier impacto en combate. Sus ojos estaban nublados, desenfocados por el placer y la ad
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