[Narrado por Mia Blackwood]El hambre era un vacío físico, pero el orgullo era una coraza que me pesaba en los huesos. Bajé a cenar solo porque mi padre envió a Dominic a decirme que, o bajaba por mi propio pie, o me sacaban a rastras. Me puse un vestido de seda negro, sencillo pero letal, y me maquillé para ocultar el rastro de las lágrimas.Cuando entré al comedor, el silencio cayó como una guillotina. Casey y Cleo se levantaron de inmediato, con los ojos llenos de una súplica que ignoré olímpicamente.—Mia, cielo, te hemos guardado sitio aquí —dijo Cleo, señalando la silla entre ella y Casey.No respondí. Ni siquiera las miré. Caminé con la cabeza alta y me senté en el extremo opuesto de la mesa, lo más lejos posible de los Donovan. Liam estaba allí, por supuesto, impecable en una camisa negra con las mangas remangadas, observándome con una fijeza que me quemaba la piel.—¿Qué pasa aquí? —preguntó Spencer, frunciendo el ceño mientras miraba a su esposa y luego a mí—. Ustedes tres s
Leer más