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Capítulo 13: El Hilo Invisible

 

[Narrado por Mia Blackwood]

Me desperté con el cuerpo pesado, como si un camión me hubiera pasado por encima y luego hubiera dado marcha atrás para rematarme. Había un vacío negro en mi memoria que iba desde que puse un pie en la facultad hasta que abrí los ojos y vi la silueta de Liam Donovan junto a mi cama.

Sus palabras seguían zumbando en mi cabeza: "Casi te mueres". No le creía. Seguramente estaba exagerando para quedar como el héroe frente a mi padre. Mis cuñadas entraron poco después de que lo eché, y su actitud era... extraña. Cleo me miraba con una lástima infinita y Casey no paraba de traerme caldos y tés, evitando contarme los detalles de cómo llegué a casa.

—Solo te desmayaste por la fiebre, Pulga —me dijo Dominic durante el almuerzo, sin levantar la vista de su plato—. Donovan te trajo. Fin de la historia.

Pero no era el fin. Sentía unos hematomas tenues en mis antebrazos, como si alguien me hubiera sujetado con una fuerza desesperada, y mis pulmones ardían un poco al respirar hondo.

Estaba sentada en el comedor, removiendo una ensalada que no pensaba comer, cuando mi teléfono vibró sobre la mesa. Era un mensaje de Max, el chico de mi clase.

Max: "Hey, Mia. Me alegra que estés mejor. Lo de ayer fue una locura, te pusiste roja como un tomate y te desmayaste en mis brazos. Tu guardaespaldas casi me arranca la cabeza cuando apareció. Estaba fuera de sí. Mañana hay fiesta en 'The Vault', el club de la zona norte. Tienes que venir para celebrar que sobreviviste."

Un club. Música, gente que no me conocía, y sobre todo, un lugar donde el aire no oliera a menta y a la loción de afeitar de Liam. Necesitaba demostrarme que seguía teniendo el control, que no era una paciente ni una prisionera.

—Me voy a descansar —anuncié, levantándome de la mesa bajo la mirada atenta de Liam, que estaba apoyado contra el marco de la puerta de la cocina, vigilando cada uno de mis movimientos.

Subí a mi habitación y, en lugar de dormir, saqué el vestido más peligroso que tenía en el armario. Era un trozo mínimo de seda color rojo sangre, con la espalda totalmente descubierta y un escote que desafiaba la gravedad. Me puse unos tacones de aguja negros y me pinté los labios del mismo tono que el vestido. Si iba a ser una "chica malcriada", iba a ser la mejor en ello.

A las once de la noche, bajé las escaleras. No intenté esconderme; quería que me viera. Quería ver esa máscara de piedra romperse de nuevo.

Liam estaba en el gran salón, hablando por radio con uno de los hombres del perímetro. Se quedó mudo en cuanto el sonido de mis tacones golpeó el primer peldaño del vestíbulo. Se giró lentamente, y por un segundo, vi cómo sus pupilas se dilataban hasta devorar el iris café. Su mirada bajó por mis piernas, subió por la curva de mi cadera y se detuvo en mi escote antes de subir a mis ojos, cargada de una furia que hizo que se me erizara la piel.

—¿A dónde crees que vas vestida así, Blackwood? —su voz fue un gruñido bajo, peligroso.

—A vivir mi vida, Donovan —respondí, caminando hacia la puerta principal con una seguridad que no sentía—. Tengo una invitación a 'The Vault'. No me esperes despierto.

Liam se interpuso en mi camino antes de que pudiera tocar el picaporte. Su altura me obligó a echar la cabeza hacia atrás. Olía a jabón y a esa masculinidad ruda que me ponía enferma de nervios.

—No vas a ninguna parte —sentenció, cruzándose de brazos. La tela de su camisa se tensó contra sus bíceps—. Todavía tienes restos de infección y no hace ni veinticuatro horas que estabas delirando en una bañera de...

Se detuvo en seco, apretando la mandíbula como si hubiera dicho de más.

—¿En una bañera de qué? —pregunté, entrecerrando los ojos—. ¿Qué me hiciste, Liam?

—Te salvé la vida —respondió él, dando un paso hacia delante, invadiendo mi espacio hasta que pude sentir el calor que emanaba de su pecho—. Y no voy a dejar que la tires a la basura en un club lleno de tipos que solo querrán ponerte las manos encima en cuanto te vean con ese... —señaló mi vestido con desprecio— ...pedazo de tela que llamas ropa.

—No eres mi dueño —le siseé, clavándole un dedo en el pecho—. Eres mi empleado. Mi padre te paga para vigilarme, no para elegir mi vestuario o mis amigos. Así que quítate de en medio o gritaré tan fuerte que Dominic bajará a preguntarte por qué estás acosando a su hermana pequeña en la entrada.

Liam se inclinó hacia mí, bajando la voz hasta que fue un susurro que me quemó la piel.

—Grita todo lo que quieras, Nena —dijo, y vi una chispa de posesividad oscura en sus ojos—. Pero si vas a ese club, yo voy contigo. Y te aseguro que no me voy a quedar en la puerta. Voy a estar tan cerca de ti que no podrás ni respirar sin pedirme permiso.

—Pruébame —lo desafié, sintiendo un tirón de deseo y rabia en el vientre.

—Oh, voy a hacer mucho más que probarte —replicó él, abriendo la puerta para mí con una caballerosidad que se sentía como una amenaza—. Después de ti, Princesa. Vamos a ver cuánto dura tu rebeldía cuando el lobo entre en el club.

Salí a la noche, consciente de que acababa de invitar al diablo a bailar, y que este vestido rojo no era una armadura, sino un blanco perfecto para el cazador que caminaba justo detrás de mí.

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