[Narrado por Liam Donovan]
El habitáculo del coche era un horno de deseo y testosterona. Había perdido el control. El soldado disciplinado, el hombre que se enorgullecía de su templanza, se había evaporado en el momento en que los labios de Mia volvieron a chocar contra los míos.
Ella ya no peleaba. Ahora, su rendición era un ataque. Con un movimiento ágil y desesperado, se deslizó sobre mí, sentándose en mi regazo. La malla plateada de su vestido era apenas un recuerdo; la seda se había subido