El Bosque Dickens los recibió con un silencio sepulcral, roto solo por el crujido de las ramas bajo sus pies. Zack no la había soltado; su brazo seguía rodeando sus hombros con una firmeza que para cualquier otro sería protección, pero que para Tamara empezaba a sentirse como una cadena.Se detuvieron en un claro bañado por la luz plateada, lejos de los ruidos de la ciudad. Zack se giró hacia ella, su imponente figura bloqueando la salida. Sus ojos oscuros brillaban con una intensidad posesiva, la misma que había usado para doblegar a Marcus y al Beta.—Ya no hay más distracciones, Tamara —dijo Zack, su voz bajando a un tono barítono que vibraba en el aire—. Has despertado. Has sentido la conexión. La manada te reconoce, y yo te reclamo. Eres mi Luna, y tu lugar está a mi lado, bajo mi mando.Zack dio un paso hacia ella, extendiendo una mano para acariciar su mejilla con una mezcla de ternura y dominio. Pero antes de que sus dedos rozaran la piel de Tamara, ella retrocedió un paso, co
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