La afianzó desde la nuca, comiéndole la boca, y la apretó contra su cuerpo, sin un solo ápice de duda, pero tampoco con presión ni necesidad de hacerse sentir superior. Las manos pequeñas se sintieron perfectas en su cuerpo, en su piel, y necesitado, el oscuro pidió:—Tócame, tócame, colibrí, tócame, por favor —indicó con ese tono profundo, rogando por un roce que, por cinco días, había extrañado—. Mi colibrí, mi buena, dulce, noble colibrí… cómo lo siento. Cómo siento haberte hecho llorar, haberte herido, haber destruido lo que tan bien llevábamos construyendo —continuó, soltando su corazón en medio de ese ritmo de besos—. Lamento haberte llenado de miedo, perder el control de todo ante tus ojos, cuando he sido tan feliz viéndote segura a mi lado. Mi colibrí, mi reina, mi poderosa esposa, mi amor…Melissa hasta gimió ante la piel erizada que esas palabras le causaron. En medio de esa búsqueda de cariño, de compañía y roce, con besos apresados, profundos y dulces, fue siendo cargada,
Leer más