Tras pasar saliva, se decidió por fin a ingresar. Todo parecía limpio, ordenado y perfecto, como si Ares Ravage nunca hubiese estado en ese lugar con su descontrol y su furia. Pero la realidad era otra. En la alfombra, aunque lavada, encontró una pequeña mancha de pintura negra que había quedado como recordatorio de lo ocurrido. Había un lienzo en blanco sobre el caballete. El banco había sido cambiado y la mesa de trabajo estaba ordenada, con pinturas nuevas y selladas. Pero todo, aunque norma