—Lo siento, lo siento, mi colibrí, lo siento —él buscó su mirada, dejando su mano enguantada en su rostro—. Perdí el control, y…
—Fuiste demasiado lejos, demasiado, Ares —ella, aunque emocional, mantuvo firmeza en sus ideas. Aunque él la dejó en el piso, ninguno se separó—. El sexo no puede ser un castigo, y ya hemos disfrutado tanto en esta habitación dorada, que llenarla de una lucha de poderes solo hará que se sienta como un abuso. Y yo no quiero sentir que mi esposo me abusa… —su voz se que