Ares lamió sus labios, pero pronto negó.
—Al regresar, se dio una ducha, cenó un poco y buscó de nuevo su habitación. No ha preguntado por usted, pero parece pendiente de la puerta.
—No te estés imaginando lo que no sabes, Renzo.
—Es que no lo hago —el mayordomo, aunque con voz suave y respetuosa, le respondió firme—. Ella está esperando, Ares. Y si mal no recuerdo, hoy es una fecha especial para ambos. ¿Tanto te cuesta ceder? ¿Tan difícil se te hace abrirte a la oportunidad de ser tú quien pid