—No lo hizo, él sin duda no lo hizo. Pero las miradas, los gestos, los leves fruncimientos dicen mucho a veces. Y sí noté, en más de una ocasión, cómo Federico o la misma Mariam parecían indignados con la idea de que gastara el dinero de papá… de su papá…Zane negó, lo hizo varias veces, pero tras un suspiro tomó de su whiskey, viéndola a los ojos.—Eso se acabó —la voz, suave pero segura, le erizó hasta la piel—. Y esa tranquilidad, ese nivel de paz que ha llegado a mí al aceptar lo mismo, al entender que puedo gastar, pagar, comprar, sin nadie que me diga: ¿Por qué?, es tremendo. Y eso lo disfruto en soledad, porque cuando estoy con Ares, no tengo siquiera que pensar —ella se puso a reír—. Sé que él va a cubrir todo, va a guiarme con suavidad, con seguridad, me va a proteger, me dará lo que quizás ni siquiera yo sé que estoy necesitando, pero él sí lo sabe. Y nuevamente te digo que eso es lo mejor que me ha pasado en la vida, y por lo mismo, cada día disfruto saberme su esposa.Le n
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