Su sonrisa se dibujó dulce cuando su hermano acercó hacia ella el tercer vaso de whiskey que, en esa más de hora y media que habían compartido, pidió. Sin dudarlo, brindó con su segunda copa de vino blanco y sonrió al tomar lo último de la misma, para notar cómo la mano de Zane, sobre la mesa, buscaba la suya.
De manera disimulada, notó la hora en su elegante reloj de serpiente, uno de esos primeros obsequios que su esposo le dio. Sabía que ya no tenía demasiado tiempo y, como podía imaginar qu