Tras acomodarse la chaqueta, tomó los guantes para cubrir sus manos, que miró con atención durante unos segundos más. Esa, donde cargaba su jamás retirado anillo de bodas, lo hizo suspirar y, antes de cubrirla, se dirigió hacia la cama donde su esposa dormía profundamente. Se veía tan hermosa, cómoda y relajada en ese espacio que había compartido con él unas horas. Después de todo, había despertado casi con las órdenes de ella para cumplirlas, porque quería hacerla feliz, una de las tantas cosas que en la habitación dorada le había pedido.Al ver el reloj en su muñeca, no dudó en rozar su mejilla. La encontró tibia, ruborizada, y solo negó con la cabeza al ver cómo una sonrisa se dibujaba apenas mientras ella se reacomodaba en su almohada, haciéndose una bolita de ternura a sus ojos. Sin dudarlo, le acarició el hombro, moviendo la manta para rozar sus piernas desnudas, rodeando con suavidad, pero de manera posesiva, una nalga que palmeó un poco.—Colibrí —llamó—. Despierta…Ella emiti
Ler mais