Al colgar el teléfono, Elara regresó a la mesa con el rostro completamente iluminado, reflejando una paz que no había tenido en años. Dante la observó en silencio y, con un movimiento posesivo pero tierno, extendió su brazo largo por el respaldo de la silla para que ella se sentara a su lado, rodeándola de inmediato con esa intensidad innata que en el pasado la asustaba, pero que ahora la reconfortaba como el refugio más seguro de la tierra. —¿Buenas noticias? —preguntó Dante, usando el pulgar para retirar con delicadeza un mechón de cabello que el viento había dejado sobre el rostro de Elara. —Las mejores —respondió ella, apoyando su mano con naturalidad sobre el firme pecho del magnate, sintiendo el latido acompasado de su corazón—. Sophie se casa este fin de semana en una ceremonia muy íntima... y está esperando un bebé. Nuestra familia y nuestro círculo siguen creciendo, Dante. La vida por fin avanza. Dante asintió lentamente. Una mirada profunda, oscura y cargada de un sign
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