La agitación habitual en las inmediaciones del colegio contrastaba drásticamente con la burbuja de serenidad que Elara y Dante habían construido durante las últimas horas en la suite principal. Al detener el coche a unos metros de la entrada, el flujo constante de vehículos de alta gama y padres de la élite esperando a sus hijos rompía la calma del asfalto, creando un murmullo sordo en el exterior.
Dante apagó el motor, pero no se apresuró a bajar. Permaneció un instante con una mano descans