Dante Vance no había llegado a la cima del mundo empresarial confiando en las apariencias, sino en los instintos. Y en ese momento, cada terminación nerviosa de su cuerpo le gritaba que la mujer en el ala este era Elara. Sin embargo, el dolor punzante en su pecho se mezclaba con una estrategia fría. Si esa niña, Amara, era su sangre y estaba muriendo, él movería el cielo y la tierra para salvarla antes de exigirle cuentas a la mujer que se lo había ocultado. Sentado en su despacho, Dante observaba la fotografía de su propia infancia que Marcus le había enviado al monitor. Luego, miró el fotograma congelado del niño, Mateo. La mandíbula, la mirada gélida, esa forma de desafiar el mundo... era como mirar un espejo. —¿Nieto de Rosa? —susurró Dante con una sonrisa amarga y letal—. Me crees un imbécil, Elara. Cerró los ojos y apretó los puños. Sentía una furia volcánica, pero bajo ella, un calor desconocido se expandía por sus venas. Decidió que le seguiría el juego a la "Doctora Río
Leer más