Dante entró al gran comedor llevando a Mateo de la mano. Aunque por fuera mantenía una calma imponente, por dentro sentía que las paredes de la mansión se le caían encima. Los resultados de ADN que acababa de leer en su despacho seguían grabados a fuego en su mente, burlándose de los cinco años que pasó respetando el espacio de Elara. Había decidido dejar de buscarla porque creía que su ausencia le daría la paz que él no podía ofrecerle, y ella le había pagado ese sacrificio robándole la infan