La recuperación de Amara tras el trasplante fue, en palabras de los médicos de la Fundación, un milagro biológico. Pero Dante sabía que no era solo ciencia; era la sangre Vance reclamando su lugar, fortaleciendo el cuerpo de la pequeña con la misma voluntad de hierro que había construido su imperio.
Tres días después del procedimiento, el ambiente en la mansión había cambiado. El ala médica ya no se sentía como un hospital, sino como el centro de gravedad de la casa. Amara ya se sentaba en la