El amanecer en Cancún era espectacular.El mar parecía una inmensa extensión de cristal azul que se fundía con el horizonte mientras los primeros rayos del sol teñían el cielo de tonos dorados y anaranjados.Pero aquella belleza pasaba completamente desapercibida para Antonio.Sentado en el amplio balcón de la suite presidencial, observaba el océano con una expresión sombría.Sus codos descansaban sobre las rodillas.Sus manos permanecían entrelazadas.Y sus pensamientos eran cada vez más oscuros.Dentro de la habitación, Claudia continuaba dormida.La noche anterior había sido larga.Demasiado larga.Las palabras de Claudia seguían resonando dentro de su cabeza.La acusación.El anillo.La investigación.Y sobre todo...Renata.Antonio cerró los ojos durante unos segundos.Intentando ordenar las piezas.Pero cuanto más pensaba en ello, más convencido se sentía de una sola cosa.Aquello no era casualidad.No podía serlo.Abrió nuevamente los ojos.Tomó su teléfono.Y realizó una llama
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