La lluvia seguía cayendo sobre la ciudad.
Suave.
Constante.
Las gotas golpeaban lentamente los enormes ventanales de la villa mientras el silencio se extendía por el despacho privado de Sebastian Vegetti.
El ambiente estaba tibio.
Elegante.
Demasiado tranquilo.
Y aun así…
Renata Vegetti sentía un caos imposible de controlar dentro del pecho.
Sus dedos sostenían una carpeta abierta.
Pero no estaba leyendo.
Llevaba más de diez minutos mirando exactamente la misma página.
Sin comprender una sola p