El cielo estaba cubierto de nubes grises.
Pesadas.
Silenciosas.
El viento soplaba suavemente entre los enormes árboles del cementerio mientras las hojas secas se arrastraban por los senderos de piedra.
Renata Vegetti permanecía inmóvil frente a una lápida blanca.
Sus ojos azules descansaban sobre el nombre grabado en mármol.
Su padre.
El hombre que alguna vez había sido su refugio.
El hombre que ya no estaba.
Renata sostenía un pequeño ramo de lirios blancos entre sus manos.
Sus dedos temblaban