La mañana llegó cubierta por un cielo gris.
Pesado.
Como si incluso el clima anunciara que algo estaba cambiando.
La habitación del hotel permanecía en silencio.
Demasiado silencio.
Antonio Vegetti permanecía sentado al borde de la cama mientras observaba fijamente a Claudia Mendoza.
Ella estaba pálida.
Sus manos temblaban ligeramente.
Y aquello comenzaba a inquietarlo de verdad.
La noche anterior había intentado convencerse de que solo se trataba de cansancio.
Estrés.
Pero ahora…
Ahora Claudia