Sus dedos tecleaban frenéticamente, ajustando vectores y sombras, mientras el reloj avanzaba hacia la medianoche. De repente, a mitad de un trazado, los dedos de Alisson se congelaron sobre el teclado. Un pinchazo agudo y caliente atravesó la parte baja de su abdomen. Alisson contuvo la respiración, cerrando los ojos con fuerza. "Es solo cansancio", se dijo a sí misma, intentando ignorarlo. "He estado sentada en una mala postura por horas".Intentó volver al diseño, pero apenas movió el ratón, un segundo calambre, mucho más intenso y profundo, la dobló por la mitad. Un gemido de dolor escapó de sus labios. La silla rechinó cuando Alisson se encorvó sobre el escritorio, agarrándose el vientre con ambas manos. El dolor no era como las náuseas matutinas; era un malestar terrible, un cólico fuerte y sostenido que le robó el aire de los pulmones. Un sudor frío perló su frente en cuestión de segundos.El pánico, crudo y animal, se apoderó de ella. Su respiración se volvió errática y superfi
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