El área de descanso de la agencia estaba inusualmente tranquila a esa hora de la tarde. Sentada en una de las mesas apartadas, Alisson daba pequeños sorbos a un batido de frutas, mientras Regina la observaba con los brazos cruzados y una expresión llena de cariño maternal con una exasperación creciente.
—Dos bebés, Alisson —soltó Regina de repente, bajando la voz para que nadie más en la cafetería las escuchara—. Dos. Estamos hablando del doble de pañales, el doble de cunas, el doble de leche,