Las miradas furtivas y los susurros se detenían en cuanto Alisson pasaba, y aunque ella intentaba concentrarse exclusivamente en su trabajo, el ambiente le pesaba en los hombros. Regina, por su parte, la miraba como si fuera una bomba a punto de estallar, debatiéndose entre interrogarla hasta el cansancio o simplemente abrazarla.
Pero el destino, que parecía estar divirtiéndose cruelmente a costa de la paz mental de Alisson, tenía un nuevo giro preparado para esa misma tarde. El suave zumbido d