—Tranquila, Regina. Estoy bien, de verdad —la tranquilizó Alisson, ajustándose los puños de la blusa—. Solo fue un pequeño accidente en casa, nada grave. Me pondré hielo esta noche, te lo prometo.Regina no pareció del todo convencida, pero asintió, dándole una palmada suave en el hombro antes de regresar a su escritorio. Alisson se sumergió en su trabajo, utilizando el diseño de la campaña como un escudo para bloquear los recuerdos de la noche anterior.Esa noche, Alisson llegó a su departamento completamente drenada. Súper agotada. Apenas cerró la puerta a sus espaldas, el silencio sepulcral del lugar la golpeó. Se quitó los zapatos y se dejó caer sobre el colchón de su habitación, sin siquiera encender las luces. El dolor en sus muñecas palpitaba al ritmo de los latidos de su corazón.De repente, la pantalla de su teléfono celular, que había dejado sobre la mesa de noche, se iluminó en la oscuridad. Vibró una, dos, tres veces seguidas. Alisson giró la cabeza pesadamente. En la pant
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