Se abrazó a sus propias rodillas, meciéndose ligeramente en la cama. Pensó en el contrato de confidencialidad. Massimiliano le había pagado para borrar la existencia de un hijo. ¿Qué pasaría ahora? El peso de la soledad era tan aplastante que le costaba respirar. Lloró por el miedo, por el agotamiento de tener que ser fuerte todo el tiempo, y por la ironía de llevar dos vidas en su vientre mientras se sentía más sola que nunca en el universo.
A varios kilómetros de allí, en el último piso de la