Frente a la mirada atónita de su amigo, Alisson se quebró. Las lágrimas, que había contenido con una voluntad de hierro durante semanas, comenzaron a caer sin control. Lloró con una angustia cruda, sintiendo cómo su corazón se desgarraba en el pecho. Julian, aún en estado de shock por la revelación, no hizo más preguntas. Simplemente acortó la distancia, la rodeó con sus brazos y dejó que ella escondiera el rostro en su hombro. Mientras Alisson sollozaba hasta quedarse sin aliento, Julian le acariciaba el cabello, ofreciéndole el anclaje silencioso y protector que ella tanto necesitaba. Él hervía de rabia por dentro, odiando su propia impotencia frente a un titán como Fitzwilliam, pero en ese momento, su única prioridad era sostener los pedazos rotos de su amiga.A varios kilómetros de allí, en la quietud subterránea del estacionamiento de su edificio, Massimiliano se encontraba en un estado de parálisis absoluta. Había cerrado la pesada puerta de su auto hacía más de veinte minutos
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