El trayecto hacia el hospital, ella estuvo silenciada. Massimiliano, con las manos apretadas al volante y la mandíbula rígida, no había dejado de expresar su desconfianza. Para él, Lorenzo Santoro era un estratega nato, y le costaba creer en su vulnerabilidad.—Alisson, solo ten cuidado —advirtió él mientras se estacionaban—. No tienes que cargar con sus arrepentimientos de última hora. Tu salud y la de Aurora y Alistair es lo único que importa.Alisson suspiró, acariciando su vientre.—Massimiliano, él no sabía que yo existía. No puedo culparlo de un abandono que no fue consciente, pero tampoco puedo fingir que somos familia. Solo quiero escuchar qué tiene que decir.Bajo la estricta vigilancia de la seguridad de los Fitzwilliam, subieron al piso de oncología. Al llegar a la habitación privada, Alisson se detuvo un segundo. Massimiliano le tomó la mano, dándole una fuerza silenciosa antes de entrar.Lorenzo Santoro no estaba en una cama, sino sentado en un sillón junto a la ventana,
Ler mais