El trayecto hacia el hospital, ella estuvo silenciada. Massimiliano, con las manos apretadas al volante y la mandíbula rígida, no había dejado de expresar su desconfianza. Para él, Lorenzo Santoro era un estratega nato, y le costaba creer en su vulnerabilidad.
—Alisson, solo ten cuidado —advirtió él mientras se estacionaban—. No tienes que cargar con sus arrepentimientos de última hora. Tu salud y la de Aurora y Alistair es lo único que importa.
Alisson suspiró, acariciando su vientre.
—Massimi