Seis meses no había prensa, ni cámaras, ni invitados por compromiso. Solo el aroma de las peonías blancas, el susurro del viento entre los sauces y el sonido de una pequeña orquesta de cuerdas que tocaba una melodía suave, casi etérea.Alisson se miró una última vez en el espejo de la habitación que Mariola le había preparado. El vestido, diseñado por ella misma, era una obra maestra de seda minimalista que abrazaba su figura recuperada, con una caída que recordaba al agua en movimiento. En su cuello, el zafiro de Brenda brillaba con una intensidad nueva, como si finalmente hubiera encontrado su lugar en la luz.—Estás preciosa, hija. —La voz de Mariola la hizo girar. La matriarca de los Fitzwilliam entró en la habitación con los ojos empañados, sosteniendo a una pequeña Aurora que lucía un vestido de encaje lila hecho a medida—. Guido ya está en el altar con Massimiliano. Y Alistair... bueno, Alistair ha decidido que el dedo de su abuelo es el mejor juguete del mundo.Alisson rió, un
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