Alisson miró hacia el cielo estrellado. Ya no era la chica de antes; ahora era la protagonista del final más perfecto que su yo de niña alguna vez pudo haber imaginado. Se quedaron allí, abrazados, mientras la ciudad seguía su curso. Ya no tenían miedo a la prensa, ni a los secretos, ni al pasado. *** Un año después. Ha pasado un año y el cambio es total. El antiguo edificio de la empresa, que antes era un lugar frío y lleno de secretos, ya no existe. En su lugar, ahora brilla un nuevo centro comunitario, una estructura moderna llena de luz y cristales. Es la noche de la inauguración y, por primera vez, el ambiente no se siente como una aburrida reunión de negocios, sino como una fiesta entre amigos que por fin están en paz. Alisson caminaba por el salón principal con mucha tranquilidad. Sus hijos, Alistair y Aurora, ya cumplieron un año y son las estrellas de la noche. Era increíble ver al abuelo Guido Fitzwilliam sentado en un banco, muerto de risa mientras el pequeño Alist
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