La última noche en el penthouse, antes de que la rutina de la ciudad los absorbiera por completo, el ambiente era inusualmente tranquilo. Alisson observaba el perfil de la ciudad desde el gran ventanal, acariciando distraídamente el anillo en su dedo. Massimiliano se acercó por detrás, envolviéndola en un abrazo protector que ya se había vuelto su lugar favorito en el mundo.
—Massimiliano —murmuró ella, recostando la cabeza en su hombro—, he estado pensando. No quiero quedarme aquí encerrada es