El sonido de las ruedas de la camilla golpeando las juntas del suelo de granito era una alarma constante para Massimiliano. Todo sucedió en una fracción de segundo: el cuerpo de Alisson perdiendo peso en sus brazos, su rostro volviéndose pálido como el papel y ese grito ahogado que a él le desgarró el alma.
—¡Alisson! ¡Mírame, quédate conmigo! —rugió Massimiliano, su su voz se quebró en medio de la preocupación.
El personal médico se movió con una rapidez, para Massimiliano, resultaba insulta