Capítulo 39. Aliadas
El silencio tenso de la habitación se vio interrumpido por un par de toques tímidos en la puerta. Antes de que Amara pudiera responder, una empleada joven, con el uniforme impecablemente planchado y la mirada baja, entró portando un balde y varios utensilios de limpieza. —Señora Amara, disculpe la molestia —dijo la joven, avanzando hacia el charco de té con determinación—. Tengo órdenes de limpiar este desastre de inmediato. La señora Victoria está muy disgustada por el ruido y no quiere que quede rastro de los vidrios.La mujer ya se inclinaba para comenzar, pero Amara levantó una mano, deteniéndola.—Espera —dijo Amara con firmeza, pero manteniendo un tono suave—. No lo limpies aún, por favor.La empleada se detuvo, confundida, con la bayeta en la mano. —Pero señora... me han dado instrucciones claras. Si la señora Victoria se entera de que no he cumplido...—Entiendo, pero necesito que me des diez minutos —insistió Amara, regalándole una sonrisa cálida para calmar su evidente nerv
Leer más