Capítulo 40. Confesión en el Piso 80
La vista desde el piso 80 de la Torre Burke reducía a Londres a un tablero de piezas diminutas y luces de neón.
Aslan no miraba la ciudad; observaba el reflejo de sus socios en el ventanal. Dimitrius revisaba una tableta con gesto adusto, mientras el tío Alistair mantenía una elegancia imperturbable, sosteniendo un vaso de cristal tallado.
—Los últimos informes de la Autoridad Portuaria de Salónica son impecables, Aslan —rompió el silencio Dimitrius, deslizando un gráfico digital por la mesa—