Capítulo 32. La Venganza de la Duda
—¿Misterio, Isabella? No hay ningún misterio —dijo Amara, su voz ahora firme, despojándose del hilo de debilidad—. Si estás tan segura de Aslan Burke, ¿qué es lo que te da tanto miedo? ¿Por qué estás aquí, en la penumbra de una habitación de invitados, tratando de arrancarme una confesión que no te incumbe?
Isabella entrecerró los ojos. Amara estaba siendo implacable: —Mientras tú te paseas por esta villa eligiendo flores y tomando té, los Burke están celebrando que han recuperado el Puerto de