Capítulo 34. Confesión sobre Sábanas Blancas
El primer rayo de sol se filtró por las cortinas de seda, trazando una línea dorada sobre la sábana blanca. Amara despertó lentamente, sintiendo una pesadez cálida y reconfortante que no recordaba haber tenido al acostarse.
Al intentar moverse, se dio cuenta de que estaba atrapada.
Con movimientos lentos y cuidadosos, Amara comenzó a girarse entre sus brazos. Aslan, sintiendo el movimiento, apretó su agarre inconscientemente por un segundo antes de abrir los ojos. El acero habitual en su mirada