Capítulo 33. Cómplices del Sueño en Sábanas Blancas
El eco de los rotores del helicóptero aún vibraba en los oídos de Aslan cuando cruzó el umbral de la Villa Victoria. Eran pasadas las dos de la mañana. No se detuvo a dejar su maletín ni a quitarse la chaqueta; sus pasos, rápidos y decididos, lo llevaron directamente al ala este.
Al llegar a la antesala de la suite de Amara, encontró a Cassia sentada en un sillón de orejas, con la cabeza ladeada y los ojos cerrados, vencida por el agotamiento de una jornada de vigilancia extrema. El sutil chirr