Capítulo 28. ¿Es usted el padre del niño?
Aslan salió del hotel a zancadas, dejando atrás la música asfixiante y el veneno de la mesa principal . El aire frío de la noche le golpeó el rostro, pero no se detuvo. Ignoró a los botones que intentaban abrirle la puerta de su propia limusina.—¡Seguridad! —exclamó Aslan, llegando a la garita de la entrada—. La arquitecta Amara Leoni. ¿La vieron salir?—Sí, señor Burke. Salió hace unos minutos por la vía peatonal —respondió el guardia, señalando hacia la avenida principal—. Iba caminando rápido, señor.Aslan no esperó una palabra más. Empezó a caminar, luego a trotar, con el saco del esmoquin desabrochado y la respiración agitada. A lo lejos, bajo la luz mortecina de los faroles, divisó la silueta inconfundible de Amara. Ella levantó la mano justo cuando un taxi amarillo se detenía frente a ella.Amara estiró la mano hacia la manija de la puerta trasera, pero antes de que pudiera tocarla, otra mano, firme y conocida, se adelantó. Ella dio un respingo, ahogando un pequeño grito, y se
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