Capítulo 39. Aliadas

El silencio tenso de la habitación se vio interrumpido por un par de toques tímidos en la puerta. Antes de que Amara pudiera responder, una empleada joven, con el uniforme impecablemente planchado y la mirada baja, entró portando un balde y varios utensilios de limpieza.

—Señora Amara, disculpe la molestia —dijo la joven, avanzando hacia el charco de té con determinación—. Tengo órdenes de limpiar este desastre de inmediato. La señora Victoria está muy disgustada por el ruido y no quiere que q
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