Me quedé inmóvil y confundida.¿Qué acababa de pasar?¿Por qué me había mirado así?No había respuestas, solo preguntas, y una sensación extraña en el pecho, como si hubiera visto algo que no debía.Alaric llegó minutos después.Su expresión estaba controlada, pero el cansancio en sus ojos no pasó desapercibido.No mencioné lo que había visto, algo en ese encuentro se sentía demasiado delicado, demasiado personal.—Sabía que mi padre te pediría que te quedaras —dijo, con un asentimiento breve.No era necesario responder.El plan seguía adelante, la noche aún no terminaba.Me condujo a su habitación. Era enorme: elegante, impecable.Lo que más me sorprendió fue el vestidor: una sección completa del tamaño de un pequeño apartamento, llena de ropa femenina: vestidos, abrigos, zapatos, todos con etiquetas nuevas, nunca usados.—Había que planear todo —dijo él, encogiéndose de hombros.No era solo ropa, era un mensaje: este lugar también podía ser mío, o al menos, él ya había considerado e
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