Dejé de respirar en el instante en que supe que esas palabras iban a salir de su boca frente a decenas de personas.—Cásate conmigo.El silencio explotó en murmullos, miradas, respiraciones contenidas; mujeres mayores sostenían sus collares, expectantes a mi respuesta.Sentí los ojos de Selene clavados en mí desde el otro lado de la mesa.Sonreí con euforia elegante, debía presentar la actuación perfecta, la salud de mi madre está en juego.—Sí —dije, con la voz apenas temblorosa—. Claro que sí.Alaric tomó mi mano con cuidado y deslizó el anillo en mi dedo. El diamante era pesado, demasiado visible, demasiado definitivo. Los aplausos comenzaron lentamente y luego crecieron hasta llenar el salón.Alaric se levantó y, antes de que pudiera procesar nada más, sus manos rodearon mi rostro.Me besó, pero no fue un beso breve de celebración; fue profundo, largo, demasiado largo para un evento social.Intenté apartarme tras unos segundos, consciente de las miradas que nos rodeaban, pero su m
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