La Noche que Todo Cambió.
El golpe en la puerta volvió a sonar: más fuerte, más cerca.
No era alguien intentando entrar, era alguien asegurándose de que estábamos dentro.
Me quedé paralizada un segundo de más, solo uno. El suficiente para sentir cómo el miedo se instalaba en el pecho, frío, preciso.
Luego me moví.
Salí de detrás del mueble casi a ciegas.
Mis manos temblaban, pero funcionaban. Alcancé la espalda de mi vestido y subí el cierre con torpeza; la tela se enganchó, maldije en voz baja y tiré con más fuerza has