Los Rumores Continúan.
Llegué demasiado temprano, no porque quisiera, sino porque no pude dormir.
La noche en la mansión Armand todavía se sentía pegada a mi piel, como si el agua de la piscina no se hubiera secado del todo, como si el eco del disparo siguiera rebotando en mi cabeza cada vez que cerraba los ojos.
El peso del anillo en mi dedo tampoco ayudaba. Era constante, presente, imposible de ignorar.
Prometida.
La palabra se sentía ajena, irreal.
Apreté los dedos alrededor de mi bolso mientras cruzaba el portón