Madre.

El hospital olía a desinfectante y a algo más difícil de nombrar: tal vez resignación, tal vez esperanza contenida.

Siempre me había parecido un lugar contradictorio, como si cada pasillo fuera una promesa y una advertencia al mismo tiempo. Esa mañana, mientras caminaba junto a Alaric por el corredor principal, esa sensación era más intensa que nunca.

Porque esta vez no venía sola y eso lo cambiaba todo.

Sentía su presencia a mi lado incluso sin mirarlo.

No hablaba, no hacía comentarios irónico
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